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por María 14:31:03 31-05-2016

Las redes sociales y el juego online son adicciones silenciosas pero demoledoras

Con 14 años empecé a visitar salones de juego y a jugar a máquinas tragaperras, a partir de ahí empezó mi adicción al juego. Jugaba diariamente, luego llegó el bingo, casinos… todo presencial porque no existían los juegos online. Más tarde, con facebook, whatsapp, tuenti y los juegos online: salas de póker, bingo, casinos, máquinas…
Lo primero para mí fue darme cuenta que el juego ya no era una diversión sino una necesidad y buscaba esa sensación de adrenalina o peligro. El juego es igual o peor que las drogas, es silencioso y físicamente no se nota, pero puede ser más devastador. Mi consejo a cualquier persona que piense en echar una moneda a una máquina o en apostar o jugar a cualquiera de las mil opciones que hay por Internet, que piense y sopese si merece la pena tocar fondo y perder todo lo que tienes (hijos, mujer, amigos, trabajo…) por intentar ganar menos de lo que cuesta un cartón de tabaco.
Las redes sociales son un problema de adicción silencioso, porque aunque todo el mundo sabe que es real la adicción que hay, no está vista como la droga. En las redes sociales yo, por ejemplo, en whatsapp miraba a todas horas el móvil para ver quién estaba en línea, y si no me constestaban me enfadaba, y mandaba más mensajes… Hablaba más por whatsapp que en persona. Luego, por facebook, publicaba a cada instante fotos, ubicación, estados… vamos, mi vida, rebelando mi intimidad a personas que ni conocía.
Las redes sociales son buenas para conocer gente nueva, gente que seguramente no vas a conocer en persona, para ver cosas curiosas pero, cuando ya cuentas tu vida, cuando pones estados cada dos minutos, subes tus fotos, cuando necesitas que te den un “me gusta” o una “petición de amistad”, cuando ya tu vida no es real y no hables con nadie, cuando no toques unas manos, recibas un abrazo o una mirada, entonces es cuando tienes que pedir ayuda para salir de un mundo irreal. Lo más bonito es hablar con alguien a la cara, ver sus gestos, poder estrechar su mano y sentir su calor…

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